Un sismo de magnitud 8.0 sacudió las islas Santa Cruz, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), tras agregar que el epicentro se ubicó a una profundidad de 33 kilómetros.
Por su parte, el Centro de Alerta de Tsunamis para el Pacífico confirmó que se generó un tsunami tras el sismo frente a las Islas Salomón.
En tanto, una fuente médica citada por la agencia AFP reveló que el sismo y el tsunami destruyeron poblados enteros en las Islas Salomón, pero este dato aún no ha sido confirmado.
El tsunami midió unos 91 centímetros de alto, dijo el centro de alerta de tsunamis.
El tiempo de llegada de las olas a las costas podía variar desde unos pocos minutos a varias horas para las islas naciones del Pacífico Sur, agregó la agencia.
"Cuando no se observen grandes olas durante dos horas después del tiempo estimado de llegada, ni hayan ocurrido olas dañinas por al menos dos horas, entonces las autoridades locales pueden asumir que la amenaza ha pasado", dijo el centro con sede en Hawaii.
Podría haber aldeas devastadas
Previamente se había emitido una alerta de tsunami para las Islas Salomón, Vanuatu, Nauru, Papúa Nueva Guinea, Tuvalu, Nueva Caledonia, Fiji, Kiribati y Wallis y Futuna.
Igualmente se hizo un llamado para que las autoridades tomen las medidas apropiadas en respuesta a esta posibilidad.
De acuerdo con la agencia Efe, esta región sufrió desde un día antes al menos una decena de sismos, con magnitudes de entre 4.9 y 6.2 grados.
Asismismo, resaltó información de Radio Australia en la que se asegura que dicho tsunami destruyó tres aldeas en las Islas Salomón en el Pacífico Sur.
Por su parte, las autoridades australianas han descartado que el país sufra las inclemencias del tsunami.
Una niña indonesia a la que se dio por muerta en 2004, tras el devastador tsunami que arrasó la provincia de Aceh, ha sido encontrada viva y se ha podido reunir con sus padres, informó el abuelo de la pequeña a medios indonesios.
Meri Yulanda, conocida como Wati, desapareció cuando tenía siete años y las inundaciones causadas por el tsunami destrozaron su barrio, en el distrito de Aceh Occidental. Después de días de búsqueda infructuosa, sus padres se dieron por vencidos. Pero Wati sobrevivió y durante estos siete años ha sido criada por una madre soltera, que la obligó a mendigar en las calles.
“Mi nieta fue obligada a mendigar hasta entrada la noche”, contó Ibrahim. “Cuando no conseguía reunir el suficiente dinero, la pegaban”, agregó.
Cuando la gente le preguntaba, la pequeña decía que buscaba a sus padres en Meulaboh, capital de Aceh Occidental. Pero no conseguía recordar el nombre de ninguno de sus familiares, excepto el de su abuelo Ibrahim. Un día, a este le llegaron esas noticias, se trasladó al pueblo junto a la madre de la pequeña y esta fue identificada por sus marcas de nacimiento en cadera y cuello.
En el tsunami del 26 de diciembre de 2004 murieron 170 mil personas sólo en Aceh
El día que el mar se tragó la tierra OLALLA CERNUDA
Destrozos causados por el 'tsunami' en Banda Aceh y Meulabohas (Indonesia). (EFE)
Quedaban apenas unos minutos para las ocho de la mañana del 26 de diciembre cuando la tierra tembló a cuatro mil metros de profundidad en el Océano Índico, a unos 260 kilómetros al oeste de la costa de Aceh, en Indonesia. Mientras tanto, en las paradisíacas costas de Tailandia, Indonesia, La India, Sri Lanka y los países del sureste asiático se disponían a iniciar una nueva jornada de sol y playa.
Ni los más agoreros pensaban que muchos de ellos no verían nacer el año nuevo. Una cadena de maremotos, provocados por el fortísimo seísmo que llegó a los nueve grados en la escala de Richter, borró horas después del mapa las idílicas islas, playas y poblaciones, que quedaron sumergidas en una densa capa de lodo, agua y cadáveres.
Los primeros en sentir la fuerza de los maremotos fueron los habitantes de Banda Aceh, en Indonesia. Olas de más de cinco metros y de una fuerza inusitada, que arrasaron con todo lo que se encontraron a su paso: casas, barcos, calles, vías del tren... y por supuesto personas. Una semana después de los 'tsunamis', las autoridades del país decidieron dejar de contar cadáveres: la cifra ya superaba los 100.000, y el temor a la aparición de plagas y enfermedades obligaba a enterrar los cuerpos en fosas comunes sin siquiera reconocerlos.
La onda expansiva de las olas llegó a Tailandia, Sri Lanka y algunos archipiélagos indios como Andaman y Nicobar. Hora y media después del terremoto, miles de personas que en ese momento estaban en las playas -muchos de ellos niños- perecieron en cuestión de segundos tragados por la fuerza del mar. Sólo 30.000 lo hicieron en Sri Lanka, casi 6.000 más en las islas que pertenecen a La India.
En Tailandia la tragedia se cebó especialmente con miles de turistasque pasaban las vacaciones en los complejos hoteleros de lujo. Resorts como el de la isla de Phi Phi -famosa tras el rodaje de la película 'La Playa-, paraísos del buceo como Khao Lak o complejos residenciales para extranjeros en Phuket fueron literalmente borrados del mapa. De los 5.000 muertos contabilizados oficialmente en este país, casi la mitad son extranjeros. Los desaparecidos se cuentan por miles.
Las olas asesinas, capaces de desplazarse a más de 700 km/h,tardaron dos horas en llegar a las costas de La India, donde acabaron con la vida de unas 7.000 personas en la provincia de Tamil Nadu, y después siguieron su implacable camino rumbo a África. A Somalia y Kenia llegaron seis horas después, tras pasar por las Islas Maldivas y dejar bajo las aguas casi dos tercios de su ya de por sí escaso territorio.
Tras la devastadora acción del mar, el panorama era desolador. La que fuera una de las costas más bellas del planeta había quedado devastada. "Hay cadáveres en la playa, en las calles, por todos lados", sollozaban los primeros testigos. La comunidad internacional comanzaba a darse cuenta de la tragedia horas después, mientras las cifras de muertos ascendían hora a hora.
La ayuda internacional comenzó a llegar a las zonas afectadas apenas 24 horas después del paso de las olas, dispuesta a echar una mano en el ingrato trabajo de buscar a los muertos y enterrarlos. Pero sobre todo, en atender a los que han quedado vivos, y localizar a los que el mar no devuelve. España busca a siete compatriotas que no aparecen por ningún lado. Pero nuestra tragedia no es nada comparada con la de los suecos -que buscan a 3.500 de sus compatriotas- los noruegos, o los daneses, algunos de los países que tenían más turistas en la zona.
Después de que la ONU haya elevado la cifra de muertos a más de 150.000, aunque reconoce abiertamente que nunca se llegará a saber el número total de muertos, los países más afectados siguen implorando por la ayuda internacional, que se reunirá el 6 de enero en la capital indonesia para organizar la reconstrucción de los países y recaudar fondos para todos. Mientras tanto, millones de supervivientes siguen mirando al mar con terror en su mirada